La estirpe de la serpiente

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Voy a cometer uno de los pecados capitales más importantes en las supuestas reglas de un buen blogger: hacerle la barba a otro!!, pero tampoco voy a tratar de evitarlo.

Y es que no voy a hablar de un blogger en toda la extensión de la palabra, sí no más bien de una niña pequeña que me tiene cautivado desde el día en que me la pusieron ( de a webo ¬¬) en los brazos y que no es más que otra serpiente-torito-lo que sea con el buen apellido de la familia.

No suelo hacerle la barba a la gente, aunque disfruto mucho ver crecer a las personas, observarlos, ayudarles en lo que se pueda, poca gente entra en mi club de ídolos para toda la vida. Luego a uno le sorprende cuando le sucede esto con los pequeños de la casa.

Me sorprenden porque, en parte, llevan mucho de mi en las venas a pesar de los años (muchos o pocos) que les llevo. Me sorprenden porque me encanta su energía y su animo para pelear, porque esas caritas tristes de la depresión de la recién adquirida (y jamas pedida) adolescencia a mi de repente me sigue cobrando factura. Me sorprenden, en fin, por un mar de razones.

Poca gente tiene el honor de sentirse de esta manera con respecto a alguien más pequeño. A veces, aunque suene extraño, me entra el sentido arácnido de papá y quiero tomar roles que no me corresponden. Es cierto, roles muy bien llevados y aprendidos de una observación paulatina de muchos años, pero a final de cuentas, ajenos.

Me da un gusto enorme ser una figura importante para ellos (ella) porque viví un proceso parecido con uno de mis hermanos, y estár del otro lado de la obra es una sensación bastante gratificante, que crea lazos eternos entre figura y observador. Eso, irremediablemente, me convierte en una persona con más necesidad de cuidar los errores, porque estos serán aprendidos, de la noche a la mañana, por aquellos a los que más quiero. Es una doble responsabilidad y regalo que porto con orgullo.

Me gusta ella porque crece de la manera en que yo fui creciendo a su mismísima edad, incluso, con velocidades más novedosas en el aspecto de las ideas personales. Me gusta porque piensa, analiza, y juega con sus sentimientos sin decírselo a nadie, por las ganas de aprender, por la necesidad de soñar. Me gusta porque, al igual que su buen tío, puede estar muriendo por dentro pero la sonrisa no se la roba nadie ni se la quitan de encima.

Una persona que, al ir creciendo, en plena etapa adolescente, se da un corto tiempo para observar un árbol bailar con el aire en lugar de estar escuchando Reggaetoon , es , sin lugar a dudas, un diamante en bruto que debe ser pulido con extremo cuidado.

Yo voy a seguir cuidándolos porque mi experiencia personal me ha convertido en alguien que no tiene planes de traer a alguien al mundo, al menos, en un corto plazo. Y no sería por la madurez personal el impedimento, sí no por cosas más mundanas, que, bueno, a final de cuentas, son detalles importantes a cuidar en el crecimiento de un pequeño.

Me animan y me llenan de orgullo cada vez que me entero que soy importante para ellos. Me ilusionan mucho porque tienen ideas y garabatos en la mente que, con el tiempo, irán acomodando en su debido lugar y serán personas de bien.

¡Y los que me faltan! Tengo 6 sobrinos (viene el 7º) y el segundo más grande después de esta pequeñita está siguiendo los mismos pasos y yo no pienso defraudarlo ni un segundo. Los otros son muy pequeños como para encontrarme cómo una figura importante pero confío en armarles el cerebro de todo (menos mis idioteces) con el paso de sus propios años.

Yo espero, en verdad, que disfruten todo lo que puedan estos momentos porque luego se extrañan, que no se apresuren, que lleven el cinturón de seguridad bien puesto pero la idea en la mente de que tan pronto se sientan fuertes, se lo pueden quitar... Que nadie les apriete duro la soga al cuello. Que aprendan de mis errores cómo algún día yo aprendí de los de otros, que miren el mundo con recelo pero con asombro, que corran, que jueguen y pataleen y escuchen mucha música de moda, que se equivoquen, que se ensucien en el suelo con migajas de pan y que lloren por amores no correspondidos, que escriban, que se emborrachen bajo la luz de la luna en otoño, que lloren, que crezcan.

Yo espero que sigan siendo lo que son. Recibiéndome con tanto cariño al llegar a sus casas, jugando fútbol aunque sea en chanclitas y bajo el sol asfixiante, reportando mi teléfono cuando se muere la linea, invitándome a la hora exacta a ver Grey's.

Espero que tomen lo más importante y rescatable de las pocas cosas que se pueden sacar de alguien como yo, que se fijen en las cosas buenas, y no en las desveladas nocturnas, que superen a sus ídolos, que destruyan sus paredes de silicón.

Equivoquense, sorprendame, asustenme con su estuche de monerías.

En especial : you know it ;)

(preferí no hacerte llorar, hubiese sido muy feo de mi parte :P )

Te quiero, pequeña!

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